Semana del 26 de abril: Actividades de P. del lenguaje, matemática y las ciencias
PRÁCTICAS
DEL LENGUAJE
Esta semana continuaremos trabajando con los cuentos de Horacio Quiroga, en esta oportunidad leeremos el cuento "La tortuga gigante" del libro "cuentos de la selva"
- Lectura para si mismo y/o lectura de un integrante de la familia
|
"La tortuga gigante" Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires, y estaba muy contento
porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos
le dijeron que solamente yéndose al campo podría curarse. Él no quería ir,
porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día
más. Hasta que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día: -Usted es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso quiero
que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre para
curarse. Y como usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del
monte para traerme los cueros, y yo le daré plata adelantada para que sus
hermanitos puedan comer bien. El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos, más lejos que
Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien. Vivía solo en
el bosque, y él mismo se cocinaba. Comía pájaros y bichos del monte, que
cazaba con la escopeta, y después comía frutas. Dormía bajo los árboles, y
cuando hacía mal tiempo construía en cinco minutos una ramada con hojas de
palmera, y allí pasaba sentado y fumando, muy contento en medio del bosque
que bramaba con el viento y la lluvia. Había hecho un atado con los cueros de los animales, y lo llevaba al
hombro. Había también agarrado, vivas, muchas víboras venenosas, y las
llevaba dentro de un gran mate, porque allí hay mates tan grandes como una
lata de querosene. El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y tenía
apetito. Precisamente un día en que tenía mucha hambre, porque hacía dos días
que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre enorme que
quería comer una tortuga, y la ponía parada de canto para meter dentro una
pata y sacar la carne con las uñas. Al ver al hombre el tigre lanzó un rugido
espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador, que tenía una
gran puntería, le apuntó entre los ojos, y le rompió la cabeza. Después le
sacó el cuero, tan grande que él solo podría servir de alfombra para un
cuarto. -Ahora -se dijo el hombre- voy a comer tortuga, que es una carne muy
rica. Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba ya herida, y tenía la
cabeza casi separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres hilos
de carne. A pesar del hambre que sentía, el hombre tuvo lástima de la pobre
tortuga, y la llevó arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó la
cabeza con tiras de género que sacó de su camisa, porque no tenía más que una
sola camisa, y no tenía trapos. La había llevado arrastrando porque la
tortuga era inmensa, tan alta como una silla, y pesaba como un hombre. La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí pasó días y días sin
moverse. El hombre la curaba todos los días y después le daba golpecitos con la
mano sobre el lomo. La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre quien se enfermó.
Tuvo fiebre y le dolía todo el cuerpo. Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba siempre, y la
garganta le quemaba de tanta sed. El hombre comprendió que estaba gravemente
enfermo, y habló en voz alta, aunque estaba solo, porque tenía mucha fiebre. -Voy a morir -dijo el hombre-. Estoy solo, ya no puedo levantarme más, y
no tengo quién me dé agua, siquiera. Voy a morir aquí de hambre y de sed. Y al poco rato la fiebre subió aún más, y perdió el conocimiento. Pero la tortuga lo había oído, y entendió lo que el cazador decía. Y ella
pensó entonces: -El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me curó.
Yo lo voy a curar a él ahora. Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga chiquita, y
después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio de
beber al hombre, que estaba tendido sobre su manta y se moría de sed. Se puso
a buscar enseguida raíces ricas y yuyitos tiernos, que le llevó al hombre
para que comiera. El hombre comía sin darse cuenta de quién le daba la
comida, porque tenía delirio con la fiebre y no conocía a nadie. Todas las mañanas, la tortuga recorría el monte buscando raíces cada vez
más ricas para darle al hombre, y sentía no poder subirse a los árboles para
llevarle frutas. El cazador comió así días y días sin saber quién le daba la comida, y un
día recobró el conocimiento. Miró a todos lados, y vio que estaba solo, pues
allí no había más que él y la tortuga, que era un animal. Y dijo otra vez en
voz alta: -Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir
aquí, porque solamente en Buenos Aires hay remedios para curarme. Pero nunca
podré ir, y voy a morir aquí. Y como él lo había dicho, la fiebre volvió esa tarde, más fuerte que antes,
y perdió de nuevo el conocimiento. Pero también esta vez la tortuga lo había
oído, y se dijo: -Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y tengo
que llevarlo a Buenos Aires. Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes, que son como piolas,
acostó con mucho cuidado al hombre encima de su lomo, y lo sujetó bien con
las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas para acomodar bien
la escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al fin consiguió lo que
quería, sin molestar al cazador, y emprendió entonces el viaje. La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de día y de noche.
Atravesó montes, campos, cruzó a nado ríos de una legua de ancho, y atravesó
pantanos en que quedaba casi enterrada, siempre con el hombre moribundo
encima. Después de ocho o diez horas de caminar se detenía, deshacía los
nudos y acostaba al hombre con mucho cuidado en un lugar donde hubiera pasto
bien seco. Iba entonces a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre enfermo.
Ella comía también, aunque estaba tan cansada que prefería dormir. A veces tenía que caminar al sol; y como era verano, el cazador tenía
tanta fiebre que deliraba y se moría de sed. Gritaba: ¡agua! ¡agua! a cada
rato. Y cada vez la tortuga tenía que darle de beber. Así anduvo días y días, semana tras semana. Cada vez estaban más cerca de
Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba debilitando, cada día
tenía menos fuerza, aunque ella no se quejaba. A veces quedaba tendida,
completamente sin fuerzas, y el hombre recobraba a medias el conocimiento. Y
decía, en voz alta: -Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y solo en Buenos Aires me
podría curar. Pero voy a morir aquí, solo en el monte. Él creía que estaba siempre en la ramada, porque no se daba cuenta de
nada. La tortuga se levantaba entonces, y emprendía de nuevo el camino. Pero llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga no pudo más.
Había llegado al límite de sus fuerzas, y no podía más. No había comido desde
hacía una semana para llegar más pronto. No tenía más fuerza para nada. Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el horizonte, un
resplandor que iluminaba el cielo, y no supo qué era. Se sentía cada vez más
débil, y cerró entonces los ojos para morir junto con el cazador, pensando
con tristeza que no había podido salvar al hombre que había sido bueno con
ella. Y, sin embargo, estaba ya en Buenos Aires, y ella no lo sabía. Aquella
luz que veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a morir cuando
estaba ya al fin de su heroico viaje. Pero un ratón de la ciudad -posiblemente el ratoncito Pérez- encontró a
los dos viajeros moribundos. -¡Qué tortuga! -dijo el ratón-. Nunca he visto una tortuga tan grande. ¿Y
eso que llevas en el lomo, que es? ¿Es leña? -No -le respondió con tristeza la tortuga-. Es un hombre. -¿Y dónde vas con ese hombre? -añadió el curioso ratón. -Voy… voy… Quería ir a Buenos Aires -respondió la pobre tortuga en una
voz tan baja que apenas se oía-. Pero vamos a morir aquí porque nunca
llegaré… -¡Ah, zonza, zonza! -dijo riendo el ratoncito-. ¡Nunca vi una tortuga más
zonza! ¡Si ya has llegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allí es Buenos
Aires. Al oír esto, la tortuga se sintió con una fuerza inmensa porque aún tenía
tiempo de salvar al cazador, y emprendió la marcha. Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico vio
llegar a una tortuga embarrada y sumamente flaca, que traía acostado en su
lomo y atado con enredaderas, para que no se cayera, a un hombre que se
estaba muriendo. El director reconoció a su amigo, y él mismo fue corriendo a
buscar remedios, con los que el cazador se curó enseguida. Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había hecho
un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios, no quiso separarse
de ella. Y como él no podía tenerla en su casa, que era muy chica, el
director del Zoológico se comprometió a tenerla en el Jardín, y a cuidarla
como si fuera su propia hija. Y así pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen,
pasea por todo el Jardín, y es la misma gran tortuga que vemos todos los días
comiendo el pastito alrededor de las jaulas de los monos. El cazador la va a ver todas las tardes y ella conoce desde lejos a su
amigo, por los pasos. Pasan un par de horas juntos, y ella no quiere nunca
que él se vaya sin que le dé una palmadita de cariño en el lomo. |
También pueden escuchar el cuento en el siguiente video:
Actividad:
Responder las siguientes preguntas:
1- ¿Por qué el hombre
fue a vivir al monte?
2- ¿Qué hizo el hombre por la tortuga y qué hizo la tortuga por el hombre?
3- En estos cuentos, los animales poseen cualidades propias de un hombre o realizan acciones que solo pueden hacer los humanos. Enumeren las acciones que hace la tortuga que son propias de un ser humano.
4- ¿Qué habría pasado si el ratón no hubiese aparecido? Inventen otro final
para el cuento.
MATEMÁTICAS.
Resolver las siguientes situaciones problemáticas
1) Los Quilmes o
kilmes fueron parte del pueblo Calchaquí, que habitaba el oeste de la actual
provincia de Tucumán. Los españoles los dominaron y los trasladaron caminando
hasta Buenos Aires por más de 1.050 kilómetros. Dividieron el viaje
en tramos iguales de 15 kilometros
en donde paraban y los hacían descansar. ¿Cuántas veces pararon?
KILÓMETROS ES
UNA MEDIDA DE LONGITUD PARA
MEDIR DISTANCIAS LARGAS. TAMBIÉN USAMOS EL METRO.
Abreviaturas:
Km = Kilómetros y m = metros.
EQUIVALENCIAS:
1 km = 1.000 m 1.000 m = 1 km
Teniendo en cuenta estas equivalencias completá los siguientes cuadros:
|
Km |
m |
m |
Km |
|
|
1 |
1.000 |
1.000 |
1 |
|
|
2 |
2.000 |
2.000 |
2 |
|
|
3 |
|
3.000 |
||
|
4 |
|
4.000 |
4 |
|
|
5 |
5.000 |
5.000 |
||
|
6 |
|
|
6 |
|
|
7 |
|
7.000 |
||
|
8 |
|
|
8 |
|
|
9 |
9.000 |
9.000 |
|
Mirando estas equivalencias resuelve:
3) Un empresa tiene que reparar 1 km de una ruta. Si ya reparó 921 m ¿Cuántos metros les falta reparar? (busca a que equivale 1 km)
4) En una carrera
un corredor lleva recorrido 8.560 m y la meta está a 9 km. ¿Cuántos metros le
falta para llegar a la meta?
CIENCIAS
SOCIALES
Observar y leer la información de
la siguiente imagen:
Actividad: 1
Luego de observar la imagen, completar el siguiente cuadro:
|
|
Ubicación |
Organización política |
Actividades económicas |
|
Mayas |
|
|
|
|
Incas |
|
|
|
|
Aztecas |
|
|
|
A continuación, les dejo un video para sumar conocimiento sobre los pueblos precolombinos:
Actividad: 2
Luego de ver el video responder la siguiente pregunta:
¿Cuál fue el legado que dejo cada civilización (Mayas, Incas y Aztecas) según lo visto en el video?
CIENCIAS
NATURALES
La SOPA PARAGUAYA es una comida que tiene sus orígenes en los pueblos GUARANÍES que habitaron el norte de Argentina y Paraguay .
Leemos la siguiente receta:
Sopa paraguaya.
INGREDIENTES:
1 kilo cebolla,
3 cebollas de verdeo, 1/2 morrón
verde, 1/2 morrón rojo, 2 dientes ajo, 20 gramos Sal, Orégano a gusto, Pimienta
a gusto, 1 cucharadita comino, 1/2 nuez moscada rallada, 1 kilo fécula de maíz o harina paraguaya, 6 huevos, 600
gramos queso cáscara colorada, 1
litro leche.
PREPARACIÓN.
1) Se corta la verdura picada chiquito, se
cocinan la cebolla en aceite hasta quedar transparente junto con las otras
verduras y el condimento. 2) Se agrega el litro de leche que se hierve
hasta que rompa el hervor, se retira del fuego hasta entibiar, agregar los
huevos revolver para mezclar. 3) Se revuelve y se echa la fécula o
harina paraguaya. Si queda muy líquido se puede agregar más harina. 4) Se
coloca en la bandeja enmantecada, el horno debe estar bien caliente y a horno
medio media hora, cuando el cuchillo sale limpio termina el horneado.
Responder:
1) ¿Qué componen los ingredientes?
2) ¿Qué pasa con esos ingredientes en la preparación?
Leer el siguiente texto:
COMIDA : Sopa paraguaya
ALIMENTOS: Cebolla , morrón,
ajo, sal, nuez, leche, etc
Actividad:
En tu carpeta escribí la definición de alimento y comida.
Luego buscá dos recetas, escribila en tu carpeta e indica cuál es la comida
y cuáles los alimentos.
RECUERDEN BUSCAR ENVASES CON INFORMACIÓN
NUTRICIONAL.






Comentarios
Publicar un comentario